Girona enamora

La última vez que estuve en Girona capital fue de pequeño en una excursión con el cole. Recordaba vagamente su impresionante catedral y la escalinata que llega hasta ella.

Pues bien, hoy he vuelto y he reconocido una ciudad que realmente enamora. El río Onyar con sus puentes y sus casas de colores, sus pequeñas calles del barrio de los gremios, las subidas y bajadas y los rincones del barrio judío (el Call), las murallas. Todo increíble.

Además nos ha sorprendido su gran variedad en la oferta de restaurantes. En algunas ciudades cuesta mucho encontrar algún sitio donde te apetezca entrar y no parezca demasiado turístico. En Girona hemos contado así al menos unos 20 restaurantes.. Y la comida la hemos disfrutado de verdad.

En definitiva, un día muy completo, y me dejo para la próxima (¡porque vamos a volver seguro!) la visita a los baños árabes y al museo de historia judía.

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