Un cuadro con historia

En nuestro último viaje a Marruecos fuimos a Fez, la que quizás sea la ciudad más tradicional del país norteafricano. Pasamos un par de días paseando por sus callecillas y en un rincón encontramos unos cuantos cuadros que nos gustaron. Nos hicieron pasar a la galería, una antigua y destartalada casa típica de Fez, con un patio interior lleno de cuadros y láminas.

El vendedor, que era muy lenguaraz, nos enseñó todos los lienzos que tenía (unos cientos y de todos los estilos imaginables) y al final nos decidimos por uno hecho por su hijo, que era pintor y que también nos acompañaba. Resulta que precisamente ese cuadro estaba reservado, pero pensamos que era el típico truco marroquí para subir el precio. Estuvimos insistiendo y al final y después de una discusión padre-hijo decidieron vendernos el cuadro. Acordamos un precio y pensamos en volver al día siguiente para comprarlo, pero al final dimos media vuelta y decidimos adquirirlo en ese momento.

Mientras esperábamos que nos lo envolvieran aparecieron un grupo de franceses reclamando ese mismo cuadro. Resulta que sí que era verdad que estaba reservado, pero el vendedor les comentó que si no dejan señal aquí no hay reserva que valga.. Pasamos un pequeño mal rato, pero al final pudimos salir de la galería con nuestro pequeño tesoro debajo del brazo.

Pero la historia no acaba ahí. En el avión de vuelta de Marruecos, y después de que el cuadro pasara por Rabat y Casablanca, nos subimos en el coche y cuando ya casi estábamos llevando a casa recordamos que lo habíamos olvidado en el avión. De vuelta al aeropuerto y después de pasar algún control policial a la inversa, pude recuperar el cuadro..

Hoy, después de casi un mes, ya está en casa, enmarcado y colocado. Aquí lo tenéis, un cuadro con historia! Y por cierto, ¿os gusta?

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